Lo único que no me cuadraba ya, es que unos ultrasur pegaran a una pareja de recién casados…
Pero viendo y sabiendo la estrecha relación que hay entre los ultrasur y los grupos de ultraderecha, lo solucioné rápidamente transformándolos directamente en skinheads.
Y por supuesto, la chica cambió de color… ¡y se volvió negrita!
Además ya tenía a la actriz perfecta para el papel, una mulata preciosa procedente del mismísimo ballet Tropicana de Cuba, a la cual conocí por casualidad en Madrid con motivo de mi otro proyecto.
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